Mis primeros 90 días – Semana 2
Entender la velocidad del otro
Esta segunda semana sentí que avancé muchísimo.
Ya no entraba a las reuniones con esa sensación de estar completamente perdida. Poco a poco voy entendiendo mejor los temas, las dinámicas, los proyectos, las personas y también el ritmo del negocio.
Pero también confirmé algo de mí: soy bastante preguntona.
Pregunto mucho.
Y en un entorno donde hay un componente técnico importante, donde se habla de sistemas, dependencias, avances, bloqueos, roadmaps y decisiones que vienen con historia, preguntar se vuelve casi inevitable.
A veces soy consciente de que puedo atrasar un poco una reunión, sobre todo cuando hay personas que ya conocen el contexto. Pero esta semana me reafirmé en algo:
si quiero aportar, primero necesito entender.
No puedo proponer una solución sin conocer bien el problema.
No puedo tomar decisiones sin entender el contexto.
No puedo retar una idea si todavía no comprendo la historia que la sostiene.
Y aunque a veces preguntar pueda sentirse incómodo, creo que es parte de asumir con responsabilidad un nuevo rol.
Cuando una misma presentación no significa lo mismo para todos
Hubo una situación puntual que me hizo pensar mucho esta semana.
Asistí a dos comités donde se presentó prácticamente la misma información, pero en foros distintos.
En uno, casi no hubo preguntas. Las personas parecían estar alineadas, la conversación fluyó y todo avanzó sin mayor cuestionamiento.
En el otro, pasó lo contrario. Hubo muchas preguntas sobre el avance de los proyectos, pedidos de explicación, dudas y cuestionamientos.
Uno podría verlo rápidamente y pensar:
“Qué pesados, todo preguntan.”
Pero me quedé pensando y entendí algo: probablemente no era resistencia. Era falta de contexto.
A veces asumimos que todos llegan a una reunión entendiendo la historia previa, los acuerdos anteriores, las razones detrás de una decisión o el camino recorrido antes de llegar a ese punto.
Pero no siempre es así.
Así como yo estoy entrando y tengo dudas, también puede haber otras personas nuevas, personas de otras áreas o stakeholders que no están en el día a día del proyecto y necesitan entender mejor para poder alinearse.
Y esta semana eso me dejó un aprendizaje importante:
no basta con presentar avances; también hay que asegurarse de que las personas entiendan desde dónde viene la conversación.
Porque cuando falta contexto, aparecen preguntas.
Y cuando aparecen preguntas, no necesariamente hay oposición. A veces solo hay una necesidad legítima de entender.
Comercial y producto: dos mundos que parecen distintos, pero se necesitan
Otra cosa que observé esta semana es algo que pasa en muchísimas empresas: cada área mira la realidad desde su propio rol, sus propias urgencias y sus propios objetivos.
Por un lado, está el mundo comercial.
Un mundo que se mueve rápido, que necesita respuestas, que quiere soluciones para ayer, que busca vender más, abrir canales, ampliar cartera, activar clientes actuales, generar nuevas oportunidades, persuadir, convencer y cumplir metas que muchas veces son mensuales y bastante agresivas.
Y lo entiendo.
Porque también he estado de ese lado.
Cuando estás en comercial, la velocidad se vive de otra manera. Hay una presión constante por generar ingresos, por llegar al número, por mover oportunidades y por encontrar formas de hacer que las cosas pasen.
Desde ese lugar, muchas veces puedes sentir que producto o proyectos “se duerme en sus laureles”.
Que todo demora.
Que nada avanza a la velocidad que necesitas.
Que la respuesta siempre llega tarde.
Pero esta semana me quedé pensando en algo: quizás no se trata de que una persona sea lenta. Quizás se trata de que la naturaleza del trabajo es distinta.
Comercial se mueve con la urgencia de vender, cumplir metas y generar resultados inmediatos.
Producto, proyectos y tecnología, en cambio, tienen que construir.
Y construir implica entender, priorizar, diseñar, estimar, coordinar con tecnología, arquitectura, operaciones, riesgos, datos y muchas otras áreas antes de que algo pueda salir y generar valor.
Por más rápido que quieras avanzar, hay dependencias que no desaparecen solo por querer ir más rápido.
Incluso con inteligencia artificial, creo que esas velocidades no van a ser completamente comparables.
La IA puede ayudar a acelerar análisis, documentación, pruebas, ideas o ciertas partes del proceso. Pero construir soluciones sostenibles, escalables y bien integradas sigue requiriendo coordinación, decisiones, criterio y participación de varias áreas.
Y ahí creo que está el verdadero reto.
No se trata de lograr que todos trabajen a la misma velocidad.
Se trata de lograr que todos entiendan la velocidad del otro.
Porque cuando comercial no entiende lo que pasa detrás, aparece frustración.
Y cuando producto o tecnología no entienden la urgencia comercial, aparece desconexión.
El punto no es quién tiene la razón.
El punto es cómo logramos que esas dos miradas trabajen juntas.
Mostrar el proceso también es liderar
Algo que me queda muy claro es que no basta con pedir paciencia.
Para que un área entienda los tiempos de otra, hay que hacerla parte.
Mostrar en qué etapa estamos.
Explicar por qué algo demora.
Compartir los bloqueos.
Hacer visibles los trade-offs.
Involucrar a las personas antes de que el problema explote.
Porque cuando alguien solo ve la demora, interpreta lentitud.
Pero cuando entiende las dependencias, puede empezar a mirar el proceso con otros ojos.
Y eso no significa resignarse a que todo tome demasiado tiempo.
También creo que siempre hay formas de acortar tiempos, simplificar procesos y mejorar la manera en que trabajamos.
Pero para acortar bien, primero hay que entender qué se puede mover, qué se puede priorizar, qué se puede resolver distinto y qué dependencias realmente marcan el camino.
Ahí aparece una forma de liderazgo que no siempre se ve tanto: la capacidad de traducir entre mundos.
Traducir la urgencia comercial hacia producto y tecnología.
Traducir las complejidades técnicas hacia el negocio.
Traducir los tiempos de construcción hacia quienes necesitan resultados.
Y traducir las metas de negocio hacia quienes tienen que diseñar y construir soluciones que realmente funcionen.
Liderar también es construir puentes
Esta semana me hizo pensar que liderar no siempre significa liderar únicamente a las personas que reportan directamente a ti.
A veces liderar también implica moverte entre áreas.
Entre estilos distintos.
Entre intereses que parecen opuestos.
Entre personas que no son parte de tu equipo, pero que son stakeholders clave.
Y sí, a veces también stakeholders difíciles.
En esos espacios, el liderazgo se vuelve menos jerárquico y más relacional.
No se trata de imponer.
Se trata de entender.
De traducir.
De conectar necesidades.
De hacer partícipes a las personas.
De ayudar a que un área entienda los problemas, tiempos y complejidades de la otra.
Y también de construir una visión suficientemente clara para que todos sepan hacia dónde estamos yendo.
Yo todavía estoy en esa etapa de entender bien hacia dónde queremos ir.
Pero esta semana me quedó muy claro que, si quiero lograr que comercial se involucre de verdad, primero necesito tener claridad sobre la visión de producto y sobre cómo conectar esa visión con sus necesidades reales.
El ritmo fuerte también exige decidir mejor dónde estar
Otra cosa que sentí esta semana fue el ritmo.
Volver a banca se siente fuerte, pero rico.
Los días pasan rápido. Hay muchas reuniones, muchos temas abiertos, muchas conversaciones y muchos espacios donde, por ahora, estoy entrando para entender todo lo que pueda.
Pero también empiezo a ver que, en algún momento cercano, no voy a tener que estar en todas las reuniones.
Y probablemente tampoco todos los miembros del equipo tengan que estar en todo.
Ahí aparece otro aprendizaje importante: dar autonomía también es cuidar el tiempo.
No todo requiere que estemos todos.
Una persona puede estar en una reunión, otra en otro espacio, y luego compartir lo más importante.
Porque si todo el día se va en reuniones, se pierde algo clave: tiempo para pensar.
Para mirar el mercado.
Para salir del día a día.
Para conectar ideas.
Para innovar.
Para hacer esas cosas que muchas veces solo aparecen en los momentos donde aparentemente “no estás haciendo nada”, pero en realidad estás pensando mejor.
Sé que por el ritmo de trabajo no siempre es fácil, pero también creo que optimizar el tiempo será clave.
No solo para ser más eficientes, sino para no quedarnos atrapados únicamente en la operación.
Recomendar sin imponer
Esta semana también tuve algunos momentos en los que tuve que tomar postura, recomendar algo o cuestionar una idea.
Y ahí hay una línea fina.
Porque cuando estás entrando a un nuevo equipo y todavía no te conocen del todo, cualquier recomendación puede interpretarse de muchas formas.
Puedes querer aportar, pero alguien puede sentir que estás imponiendo.
Puedes hacer una pregunta legítima, pero alguien puede sentir que estás cuestionando su trabajo.
Puedes presionar un poco para entender mejor, pero si todavía no hay confianza, la intención puede no leerse como tú esperabas.
Y creo que eso también es parte del proceso.
Aprender a tener postura sin caer pesada.
Recomendar sin sonar impositiva.
Preguntar sin que se sienta como juicio.
Cuestionar desde la curiosidad y no desde la superioridad.
Espero haberlo logrado esta semana.
Y si no, también será parte del aprendizaje.
Mi aprendizaje de la semana 2
Si tuviera que resumir esta semana en una idea, sería esta:
el reto no es que todos trabajemos a la misma velocidad; el reto es entender la velocidad del otro.
A veces queremos aportar rápido, pero para aportar bien necesitamos entender.
Entender el contexto.
Entender la historia.
Entender las urgencias.
Entender las dependencias.
Entender qué mueve a cada área y qué necesita para avanzar.
Sigo diciéndome a mí misma que recién empiezo.
Pero esta semana también me dio alegría sentir que, poco a poco, ya he podido aportar en algo.
Y quizás eso es lo bonito de estos primeros 90 días: ver cómo, paso a paso, lo que al inicio parecía confuso empieza a tomar forma.
Nos vemos en la Semana 3!
Meli